jueves, abril 23, 2009

Disgregada


Almacenan los dedos
la ternura
y se derraman generosos,
dadivosos, compasivos...
Fruta madura en plenitud
que rezuma por igual
el sabor como el aroma.

Marca el amor
como la grama
sobre el plano
dividido en estrategias,
cuando tú y yo
y la conciencia
edificamos paralelos
de excelencias y manjares
compartidos sin desdenes
ni remilgas.

Ven a mí, calor temprano
que evadido de mi piel
quiebra eternidad
en trashumante travesía...
El olivar atardecido
se acurruca
en esos campos
maltratados
de fortunas.
Mira tú,
como a palos
se le arrancan
fruto y vida...

*

Inhalar, exalar,
tienen su ritmo natural
y acompasado.

Amar, odiar,
su tiempo y su agonía.

Y ser, y subsistir,
van de la mano
habitual de la pericia
de comprender
lo natural y lo obligado
de vivir y ejecutar
cada labor
en concordancia;
pues al igual que
con el uno
se alimenta la esperanza,
con el otro,
la erradicas
poco a poco.

*

El corazón
de dura piedra se recubre,
un armazón con que calmar
el traicionero golpe que le asientan.
Y cada vez se aísla más,
se siente menos,
hasta perderse
bajo el mismo peso
que le protege
y que le agobia.

Y no sabe el corazón de otra defensa
cuando con tanta generosidad ha dado
y con tan mala fe,
le maltrataron.

*

De la avaricia de todos, queda una nada inmensa para nadie.

*

La luz, ciega.
La oscuridad, ciega.
El amor, ciega.
El odio, ciega.
El miedo, ciega...

Y un alma ciega,
no atiende ni responde
a la luz
de la eternidad.

*

En mi mano vacía queda el hueco repleto de tantos despojos...

Mt.

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